Columna de Opinión: “Medios, no resultados”

 


Por César González Erices

Abogado

Director (s) Hospital de Ancud

 

El ejercicio de aquellos profesionales de la salud, en especial los médicos, en cuanto a su ejecución, puede provocar responsabilidades, lo que ha sido objeto de análisis desde el punto de vista jurisprudencial, con una serie de criterios.

En este sentido, el ejercicio de la medicina puede verse desde dos puntos de vista. Por un lado la medicina satisfactoria, como las cirugías estéticas o cirugías plásticas, que exigen una obligación de resultado. Y por otro, la medicina asistencial o lex artis, donde el médico tratante tendrá una obligación de medios y no de resultados, ya que el profesional deberá emplear todo su conocimiento para la recuperación de la salud del paciente, pero no se obliga a obtener esa recuperación.

 

Respecto a este último punto, podemos afirmar que existirá negligencia médica si el médico tratante no aplica toda su expertis o bien no se efectúan todos los procedimientos que la ciencia médica dispone para alcanzar el resultado requerido. Sin embargo, este resultado no puede ser exigido, y por eso se afirma que los facultativos deben dar cumplimiento a una obligación de medios y no de resultados.

 

Este criterio fue reafirmado por nuestra excelentísima Corte Suprema, que en el año 2007 (Rol 3299-2007) expresó que es necesario tener presente, en primer lugar y como un elemento esencial para configurar la responsabilidad, que en el ejercicio de esta profesión –como ocurre en general respecto de toda profesión liberal-, lo que se exige no es el cumplimiento de una obligación de resultado, esto es que el profesional médico deba necesariamente curar o sanar al paciente, pues lo anterior depende de una serie de factores o circunstancias que escapan de la voluntad del médico. Entender lo contrario sería hacer imposible el ejercicio profesional.

 

En definitiva, el profesional de la salud en su actuación debe emplear los medios suficientes a fin de cumplir con el objetivo propuesto, es decir, existirá culpa en la medida en que no sea diligente, prudente o hábil. O bien, por no haber tomado las precauciones que hubieran evitado el daño. Indispensable se hace el respeto a los protocolos establecidos y el dotar a nuestros médicos de todos los medios necesarios, para que puedan desplegar su conocimiento y obtener en la mayoría de las veces el resultado esperado, esto es, la recuperación del paciente.